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Anuncio del Padre Mauricio Viquez respecto al Encuentro Ecuménico 2011.

 

Luego de celebrar nuestras fiestas de Independencia y de encomendar la patria a la Madre de Jesús, de pie junto a la cruz, nos disponemos a vivir este día del Señor.

La próxima semana –organizado por la Asociación “Ticos y Nicas, somos hermanos”– se va a realizar en Moravia, de paso y el día 21 de los corrientes, un encuentro ecuménico titulado “Dos pueblos, una familia”, en el marco de la Jornada Mundial del Migrante, que se celebrará este mes, en concreto, el día 25.

Costarricenses y nicaraguenses tendremos ocasión de conversar y orar en torno al tema de la migración. Esperamos la oración de todos y partiremos de las pistas que nos ofrecen los obispos de la región, la ponencia de monseñor Silvio Báez y el ánimo que ofrecerá monseñor Sancasimiro, responsable de pastoral de movilidad humana entre nosotros.

Volviendo al evangelio de este día del Señor, se nos retrata en él la generosidad de Dios.

Jesús nos hace ver las condiciones tan difíciles de los peones de su época y cómo obtenían por su jornada diaria la suma de un denario. Una cantidad de dinero que, a duras penas, les permitía sobrevivir durante ese día o el siguiente.

El dueño de la viña contrata a las seis, nueve y doce. Mas tarde, regresa a las tres y a las cinco de la tarde. Y lo hace, según la costumbre, en una plaza.

Al final del día, cuando oscurece, se acaba la labor. Al momento de la paga, surge la idea de que si corresponde un denario a los que han laborado poco, habrá más para los que han trabajado todo el día.

La actitud del dueño del campo suscita murmuración: da a cada uno igual. El señor es dueño de su dinero y hace con él lo que desee. Más que la cuestión acerca de si el que contrata fue justo o no, aquí el tema es su bondad. Ha valorado el deseo de trabajar de todos, incluso de los últimos, y les paga lo que se acostumbra por una jornada.

Se da aquí a cada uno lo suyo. Lo pactado. Ni mas ni menos. Al igual que el dueño del campo, así es Dios: generoso, atento al que más necesita, capaz de extender la mano a todos por igual.

Este texto puede referirse a la igual situación en la Iglesia de los llamados al inicio o después. Puede también referirse a la no diferencia que existe en la comunidad cristiana entre venidos del judaísmo y los gentiles.

Incluso, a aquellos que han pasado toda su existencia cercanos al evangelio y los que se han convertido al final de su vida al comprender, finalmente, que solo una vida junto a Dios tiene sentido.

Pbro. Mauricio Víquez L.


Link: http://www.nacion.com/2011-09-18/Portada/a-horas-distintas.aspx